Luis Núñez Acevedo, compañero y amigo
December 20th, 2011 by admin


Un estudio concluye que el Ginkgo biloba no frena el deterioro cognitivo asociado a la edad.
Recientemente, se desaconsejó su uso conjunto con Atripla® o Sustiva®Xavier Franquet - 11/01/2010
Según un estudio publicado en Journal of American Medicine Association [JAMA], el uso de Ginkgo biloba no frena el deterioro cognitivo en personas mayores. Se trata de un ensayo llevado a cabo en EE UU con un amplio grupo de personas mayores, sin VIH, que fueron seguidas durante un período muy largo de tiempo (un promedio de seis años).
El Ginkgo biloba es un producto de herbolario, de empleo generalizado, cuyo consumo se cree que tiene efectos positivos sobre la concentración, la memoria, la demencia y la depresión. Algunas personas con VIH lo toman para tratar o prevenir estos síntomas, pero existe poca información científica acerca de sus beneficios reales, especialmente a largo plazo.
El pasado mes de junio, se publicó en la revista AIDS un estudio de caso en el que se describía una interacción significativa con efavirenz (Sustiva®, también en Atripla®), por lo que se desaconsejaba su uso conjunto. Dicho ensayo, sin embargo, no hacía mención a la eficacia del producto (véase Actualización en Tratamientos del día 18/05/2009).
El estudio Evaluación de la Memoria con Ginkgo (GEM), cuyos resultados se han dado a conocer ahora, es un ensayo de reparto aleatorio, a doble ciego y controlado con placebo, llevado a cabo en seis centros académicos de EE UU y en el que se incluyó a 3.069 participantes con edades comprendidas entre los 72 y los 96 años, con una media de seguimiento de 6,1 años.
En este caso sí se diseñó el ensayo para evaluar la eficacia. Así pues, el objetivo de la investigación fue determinar si el Ginkgo biloba frenaba las tasas de deterioro cognitivo global, o de algún dominio cognitivo en particular, cuando era administrado en adultos mayores. Para ello, los participantes fueron repartidos aleatoriamente para recibir dos dosis diarias de 120mg de extracto de Ginkgo biloba (n=1545) o bien placebo (n=1524), siendo ambas presentaciones de aspecto idéntico.
Las mediciones principales fueron las tasas de cambio en el tiempo observadas en el Miniexamen del Estado Mental Modificado (3MSE, en su siglas en inglés), en la subescala cognitiva de la Escala para la Evaluación de la Enfermedad de Alzheimer (ADAS-Cog, en sus siglas en inglés) y en los dominios neuropsicológicos de la memoria, la atención, la construcción visual y espacial, el lenguaje, las funciones ejecutivas, basados en las sumas de los marcadores z obtenidos en tests individuales.
Los resultados muestran que las tasas anuales de descenso de los marcadores z no difieren entre los grupos con Ginkgo biloba y con placebo en cualquiera de los dominios, incluido el de la memoria (0,043; intervalo de confianza del 95% (IC95%): 0,034-0,051 en comparación con 0,041; IC95%: 0,032-0,050), atención (0,043; IC95%: 0,037-0,050 en comparación con 0,048; IC95%: 0,041-0,054), habilidades visoespaciales (0,107; IC95%: 0,097-0,117 en comparación con 0,118; IC95%: 0,108-0,128), lenguaje (0,045; IC95%: 0,037-0,054 en comparación con 0,041; IC95%: 0,033-0,048) y funciones ejecutivas (0,092; IC95%: 0,086-0,099 en comparación con 0,089; IC95%: 0,082-0,096).
En el caso del miniexamen (3MSE) y de la escala para evaluar el Alzheimer (ADAS-Cog), las tasas de cambio eran distintas según el estado cognitivo basal (daño cognitivo leve), pero no se dieron diferencias en las tasas de cambio entre grupos de tratamiento (3MSE [p= 0,71], ADAS-Cog [p= 0,97]).
No hubo ninguna modificación de efecto significativo en la tasa de deterioro por edad, sexo, raza, educación, alelo APOE*E4 o daño cognitivo leve basal (p >0,05).
En conclusión, el uso de Ginkgo biloba a razón de 120mg dos veces al día, en comparación con placebo, no llevó a un deterioro cognitivo menor en adultos mayores con funciones cognitivas normales o con daño cognitivo leve.
Fuente: NATAP.
Referencia: Snitz, et al. Ginkgo biloba for Preventing Cognitive Decline in Older Adults: A Randomized Trial. JAMA. 2009; 302: 2.663-2.670.

Según un estudio holandés, una valoración negativa de la salud física podría implicar comportamientos que dificulten el control de la infección.
Francesc Martínez - 22/01/2010
De acuerdo con las conclusiones de un estudio llevado a cabo con la cohorte nacional holandesa de personas con VIH ATHENA (siglas en inglés de Evaluación de la Terapia Antirretroviral en Holanda), las personas con VIH que perciben tener un buen estado de salud física muestran una probabilidad de supervivencia significativamente superior respecto a aquéllas con bajos niveles de calidad de vida relativa a dicho estado de salud. Los resultados de este trabajo se han publicado en la edición del 15 de enero de Clinical Infectious Diseases.
El estudio incluyó a 560 participantes de la cohorte ATHENA que estaban tomando terapia antirretroviral o que acababan de iniciarla. Estas personas cumplimentaron los cuestionarios del estudio entre mayo de 1998 y diciembre del año 2000. La mediana de seguimiento fue de 8,4 años.
Cerca de tres cuartas partes de los participantes en el ensayo eran hombres que practican sexo con hombres (HSH) y sobre el 80% de los pacientes eran holandeses (no inmigrantes). En general, los participantes presentaban una infección por VIH moderadamente avanzada, con una mediana en el recuento de CD4 de unas 200 células/mm3.
Los cuestionarios midieron la percepción de los pacientes sobre la calidad de vida relativa a diferentes aspectos, como el dolor o las habilidades funcionales. Los investigadores calcularon, a partir de los resultados de los cuestionarios, las valoraciones de la salud física y mental de los participantes, dos aspectos importantes de la calidad de vida asociada a la salud.
Otro dato evaluado por el estudio fue la mortalidad por cualquier causa, el seguimiento de la cual llegó hasta finales de marzo de 2008.
Un total de 66 pacientes (12%) murieron durante el período de seguimiento, el 33% de los cuales lo hizo por enfermedades definitorias de sida.
Se observó una asociación significativa (p <0,001) entre la supervivencia y la valoración de la salud física, cuyos resultados fueron agrupados en cuatro cuartiles para ser analizados.
Así, un total de 26 pacientes (20%) del primer cuartil –el que incluía aquellos participantes que valoraban peor su estado de salud física– murieron durante el período de seguimiento del estudio. Diecisiete participantes (13%) del segundo cuartil, 10 del tercero (8%) y 5 del cuarto (4%) también fallecieron durante el seguimiento.
La relación observada entre la valoración del estado de salud física y la supervivencia fue independiente de otros parámetros clínicos. Las áreas específicas evaluadas por el ensayo asociadas de forma significativa positiva o negativamente con la supervivencia fueron el dolor, la función física, la actividad cotidiana y la ocupación social.
También se observó cierta relación entre la valoración de la salud mental y la supervivencia, pero no alcanzó valores significativos (p= 0,13). Este hecho sorprendió a los investigadores, ya que en anteriores ensayos se observó una vinculación entre casos de depresión y una menor adhesión a la terapia antirretroviral (véase La Noticia del Día 28/09/2009).
Los autores del estudio manifestaron que la valoración del estado de salud física puede ser usada para determinar el pronóstico de las personas con VIH, junto a variables de tipo clínico o demográfico. También destacaron que podría ser útil tanto en países desarrollados como en aquéllos con recursos limitados.
Aunque los investigadores alertaron de que no tiene por qué existir una relación causal entre la valoración del propio paciente con VIH sobre su estado de salud física y la supervivencia, destacaron que la percepción de un mal estado de salud lleva a las personas a comportamientos que pueden influir en el mismo. Así, por este motivo, pueden darse una menor implicación en actividades preventivas, un menor cuidado de la propia salud o una mala adhesión a recomendaciones clínicas relativas al tratamiento o al control de la infección por VIH.
Fuente: HIVandHepatitis / NATAP.
Referencia: De Boer-van der Kolk IM, Sprangers MA, Prins JM, et al. Health-Related Quality of Life and Survival among HIV-Infected Patients Receiving Highly Active Antiretroviral Therapy: A Study of Patients in the AIDS Therapy Evaluation in the Netherlands (ATHENA) Cohort. Clin Infect Dis. 2010 Jan 15; 50 (2): 255-263 [Abstract].

Ciertas manifestaciones del estigma resultan especialmente hirientes para las personas con VIH.
Determinadas muestras del estigma asociado al VIH constituyen el mejor factor de predicción de angustia psicológica en personas seropositivas, según informa un equipo de investigadores holandeses en la edición de noviembre de la revista AIDS.
Michael Carter - 05/11/2009
Entre éstas se incluyen los problemas con los trabajadores sanitarios y la falta de franqueza dentro de la familia, aunque también la amabilidad exagerada por parte de los miembros familiares.
“Nuestros hallazgos sugieren que ciertas manifestaciones de estigma en entornos específicos resultan realmente más dañinas a nivel psicológico que otras”, comentan los autores.
Existen numerosas pruebas que evidencian que el estigma asociado al VIH provoca angustia psicológica en personas que tienen o están afectadas por el virus. Sin embargo, ningún estudio había examinado qué manifestaciones particulares del estigma en determinados entornos afectan al bienestar psicológico de las personas con VIH.
En consecuencia, en 2007, un equipo de investigadores holandeses realizó un estudio transversal (o de “foto fija”) que contó con 669 pacientes seropositivos.
Éstos tenían una media de edad de 47 años y contaban con un buen nivel educativo [casi el 50% poseía un título universitario]. La mayoría (80%) eran hombres gays, el 68% no tenía empleo y el 48% estaba con una pareja.
Los participantes en el estudio completaron un cuestionario para determinar las muestras de estigma relacionadas con el VIH que estuvieron más vinculadas con sensación de angustia en seis entornos (de amigos, familiar, atención sanitaria, de pareja, laboral y de ocio).
En el cuestionario se incluyeron once manifestaciones de estigma (consejo de ocultar la infección por VIH o no revelarla, echar la culpa, aumento de la distancia física, higiene excesiva, indiferencia, exclusión, interacciones sociales incómodas, amabilidad exagerada y agresión).
Las muestras de estigma provenientes de amigos que más se relacionaron con la sensación de angustia fueron el trato incómodo y la amabilidad excesiva. El recibir el consejo de ocultar el estado serológico al VIH, la evitación y la amabilidad excesiva fueron aspectos asociados con la angustia en entornos familiares.
El estigma en el ámbito sanitario fue especialmente molesto si implicaba indiferencia o interacciones sociales incómodas. Por último, el consejo de ocultar la infección y la amabilidad exagerada provocaron angustia cuando se experimentaron en el ámbito de una relación.
El equipo de investigadores realizó un análisis estadístico que tuvo en cuenta posibles factores de confusión.
Esto evidenció que sólo cuatro manifestaciones del estigma siguieron estando relacionadas de forma significativa con la angustia psicológica.
Tres de estas manifestaciones se experimentaron en el entorno familiar y fueron: la petición de que se ocultase su infección (p <0,01), la evitación (p <0,01) y la amabilidad exagerada (p <0,05).
La última muestra significativa de estigma vinculada con angustia psicológica fueron las interacciones sociales incómodas en entornos sanitarios (p <0,05).
“La estigmatización realizada por la familia puede ser especialmente perjudicial, ya que ésta no se elige y, a menudo, se considera una fuente importante de amor y apoyo incondicionales”, escriben los autores, los cuales sugieren que sufrir estigma por parte de miembros de la familia puede amenazar la necesidad humana fundamental de “formar parte de algo”.
Se espera que los profesionales sanitarios tengan conocimientos sobre el VIH; por ello, los autores indican que es más probable que las acciones realizadas por éstos que sugieran estigma sean especialmente decepcionantes y provoquen angustia en las personas seropositivas.
Referencia: Stutterheim SE, et al. HIV-related stigma and psychological distress: the harmful effects of specific stigma manifestations in various social settings. AIDS. 2009; 23: 2.353-2.357.
Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

Además de las malignidades asociadas al sida, el cáncer anal, el linfoma de Hodgkin, el melanoma y los cánceres de hígado y pulmón se ven con una frecuencia muy superior
Xavier Franquet - 29/09/2009
Según los resultados de una investigación publicados en la edición de octubre de Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes, en la era de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA), la incidencia de cánceres no definitorios de sida es significativamente mayor entre los pacientes con VIH que entre aquéllos sin la infección.
Estos nuevos datos confirman la tendencia apuntada por otras investigaciones anteriores. Es más, esta vez los resultados son muy sólidos, pues el número de casos analizados y el tiempo de seguimiento son mayores que en otras ocasiones. Asimismo, de cara a la comparación, cada paciente con VIH se emparejó con dos personas de características similares (mismo sexo, edad, etnia, lugar de residencia y año de atención), pero sin VIH.
En total, el trabajo incluyó a 33.420 personas con VIH (con un primer diagnóstico de VIH o sida entre octubre de 1997 y septiembre de 2004) y a 66.840 controles sin la infección, con una mediana de seguimiento de 5,1 y 6,4 años, respectivamente. Todos estos casos proceden de la Cohorte Virtual VACS (siglas en inglés de Estudio de Cohorte sobre Envejecimiento de Veteranos) de EE UU.
El propósito del estudio fue determinar si la infección por VIH estaba asociada con un incremento en el riesgo de desarrollar malignidades no definitorias de sida (MnDS), y si este riesgo se relacionaba con el nivel de inmunosupresión del paciente.
Las MnDS que se examinaron individualmente fueron: cáncer anal, cáncer de pulmón, melanoma, cáncer de próstata, linfoma de Hodgkin y cáncer hepático. Para poder realizar la comparación también se incluyeron las siguientes malignidades definitorias de sida (MDS): sarcoma de Kaposi, linfoma no de Hodgkin y carcinoma de cuello de útero.
La edad media fue de 45,8 años en el grupo con VIH y de 46,1 en el grupo sin VIH. El porcentaje de hombres en cada grupo fue del 97,8%, lo que dificultó una adecuada evaluación de las tasas de cánceres específicos de mujeres. En cuanto al origen étnico, el 43% eran personas negras, el 32%, blancas, el 8%, hispanos, y el restante 17%, de otras procedencias. Un 80% de las personas con VIH estaban tomando TARGA.
Puesto que la infección por el virus de la hepatitis C (VHC) y el uso de alcohol son factores de riesgo para el desarrollo de cáncer, se describió también su prevalencia en ambos grupos. Así, mientras que el empleo y la dependencia del alcohol resultaron ser similares, la infección por VHC fue más común entre los veteranos con VIH (36% frente a 12%).
En total, se diagnosticaron 2.128 y 3.124 MnDS en los grupos con VIH y sin VIH, respectivamente, lo que se traduce en unas tasas de incidencia de 1.260,5 y 841,8 por 100.000 persona-años, de forma respectiva. Los cocientes de las tasas de incidencia (IRR, en sus siglas en inglés), que pueden verse en la tabla, indican que las personas con VIH tenían más probabilidades de tener cáncer anal, de pulmón, melanoma, linfoma de Hodgkin y cáncer hepático que aquéllas sin infección por VIH (IRR: 1,6; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,5-1,7).

A lo largo del período del estudio, se observó un descenso de las MnDS entre los veteranos sin VIH, que resultó ser significativo cuando se compararon los períodos comprendidos entre los años 1998-1999 y 2000-2001 (p= 0,003). En cambio, las tasas de MnDS en el grupo con VIH permanecieron estables en el tiempo.
Respecto al cáncer de próstata, la probabilidades de desarrollarlo fueron similares en ambos grupos (IRR: 1,0; IC95%: 0,9-1,1).
Cuando se quiso averiguar el papel de la inmunidad en la aparición de cáncer, dentro del grupo de personas con VIH se compararon aquéllas con cáncer con las que no lo desarrollaron, y se observó que las medianas de los recuentos de CD4 eran inferiores en los siguientes casos: MnDS (249 frente a 270 células/mm3; p= 0,02), cáncer anal (156 frente a 270 células/mm3; p <0,001) y linfoma de Hodgkin (217 frente a 269 células/mm3; p= 0,03).
Como era de esperar, en el caso de las MDS, los recuentos de CD4 resultaron ser significativamente más bajos entre aquellas personas que desarrollaron alguno de estos cánceres.
En el resto de MnDS no se observaron diferencias significativas en cuanto a los CD4, excepto en el caso del cáncer de próstata que, contrariamente, se asoció con recuentos más altos (311 frente a 266 células/mm3; p= 0,03).
Según los autores, este incremento general de casos de cáncer entre personas con VIH podría explicarse por un posible efecto oncogénico del mismo VIH y/o de la TARGA, lo que es probable que sea más evidente a medida que se prolongue la supervivencia de las personas con VIH y la duración del tratamiento.
También señalan que: “Una mejor caracterización de la incidencia de MnDS y de sus factores de riesgo probablemente permita una mejor identificación e implementación de las pruebas de detección y de medidas preventivas específicas para esta población, así como una mejor evolución de los pacientes con VIH y cáncer”.
Fuente: NATAP / Elaboración propia.
Referencia: Bedim R, McGinnis K, Dunlap M, et al. Incidence of Non-AIDS-Defining Malignancies Higher in HIV-Infected Versus Noninfected Patients in the HAART Era: Impact of Immunosuppression. JAIDS. October 2009.
LUIS NUÑEZ ACEVEDO
Cali – (Revista KNOT)
Con este artículo la Revista Knot no quiere tomar partido sobre la posición alternativa del SIDA, sino abordar una de las discusiones más interesantes y complejas de los últimos tiempos.

¿Y si el SIDA no existe?
En 1981 se detectó, en San francisco (California), el primer caso de SIDA. Desde entonces la pandemia se ha esparcido por el mundo, dejando millones y millones de muertos. En América Latina, según un informe de 2007 del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA), existen cerca de e 1,6 millones de personas que viven con el VIH en esta región y sólo en el 2006 murieron aproximadamente 58 mil personas. Esta enfermedad es una de los principales miedos que embargan a las personas en la actualidad, especialmente a las personas del sector LGTB, pues desde la década de los ochenta –época en que fueron advertidos los primeros casos en Estados Unidos- se dijo que era la enfermedad de las cuatro haches: hemofílicos, heroinómanos, haitianos y homosexuales.
Los que dicen que sí y los que dicen que no
Sin embargo, existe un grupo de personas y organizaciones que dudan de la mortalidad de esta enfermedad, que sostienen que el Virus de Inmunodeficiencia humana (VIH) no es la causa del SIDA e incluso cuestionan que este virus exista. Se trata de aquellos que prefieren elaborar perspectivas alternativas sobre el SIDA y que sustentan que alrededor del tema se ha manejado mucha información falsa o tergiversada. Estos planteamientos alternativos también dicen que la cura para el SIDA existe y está en cada uno de los afectados.
Algunos de las posturas alternativas sobre el SIDA plantean que el VIH es un virus inofensivo. Por tal motivo, la verdadera causa del SIDA no se encuentra en el virus sino en otros factores más ligados a la mente y a la psiquis de las personas. Pero otras posiciones que cuestionan el HIV como causa del SIDA van aún más allá, negando incluso que este virus exista. Según el Médico especialista en enfermedades infecciosas Roberto Giraldo, presidente de Monarcas-Movimiento de replanteamiento científico del SIDA, dice que “el virus del ‘VIH’ nunca ha sido aislado en ningún laboratorio del mundo. Tampoco ha podido ser fotografiado ni se ha comprobado con precisión el mecanismo en como se supone atacaría a las células del cuerpo humano”.
Lluís Botinas, miembro de la ONG sin ánimo de lucro Plural-21, Asociación para el cuidado de la vida en un planeta vivo, dice que lo que en el fondo se debe proponer es un replanteamiento mismo de lo que hasta hace poco se daban como verdades absolutas: “Las dos preguntas que ahora debemos hacernos son “¿Es el SIDA una enfermedad?”. Y si la respuesta es negativa (como creo que es), entonces en “¿Qué es “eso” llamado SIDA?”. Estos interrogantes son decisivos si se quiere acabar con el SIDA en vez de perpetuarlo como supuesta “enfermedad crónica” y de fabricar la panacea de los especialistas oficiales del SIDA, de las farmacéuticas y de los “comités anti-SIDA”: una “epidemia crónica de SIDA”.
Para estos analistas alternativos, la cura del SIDA existe pero no es un medicamento o una droga. Se trata de tratamientos de medicina alternativa en los cuales se potencia el autoestima, las defensas corporales y una actitud positiva hacia la vida.
Una de las pioneras de este debate fue la norteamericana Christinne Maggiore. En su libro ¿Qué tal si todo lo que lo conoce del Sida fuera falso? se dio a la tarea de desenmarañar algunas de las hieráticas tesis que han rodeado al Síndrome de inmunodeficiencia Adquirida y al virus que supuestamente lo desencadena. En las arriesgadas propuestas de Maggiore se pone en duda que el VIH exista, que las pruebas que lo detectan efectivamente sirvan y que los medicamentos logren contrarrestar los síntomas de la enfermedad. Como ella misma sostiene en la introducción del libro, nunca lo hubiera escrito si no fuera por su propia experiencia de vida.
Uno de las primeras sentencias del libro consintió en poner en duda la eficacia de las llamadas “pruebas del Sida”, que en la actualidad son la Prueba de Elisa y la Western Blot. En su libro escribe lo siguiente: “Aquellas que se llaman popularmente “pruebas del sida” no identifican o diagnostican el SIDA y ni pueden detectar el VIH, el virus que se duce causa el SIDA. Las pruebas ELISA y Werten Blot, usadas normalmente para diagnosticar la infección por VIH, detectan solamente las interacciones sobre las proteínas y los anticuerpos que se cree son específicos del VIH; no detectan el VIH por si mismo”. Los descubrimientos de Maggiore no pararon ahí. En una de sus tesis más controvertidas, la autora afirma que el VIH no sólo no puede causar el sida, sino que éste no existe.
No obstante, su muerte a finales del año pasado a causa de una neumonía puso en tela de juicio las visiones alternativas del SIDA.
Según el grupo “Replantear el SIDA-Demoler el Mito”, son sede en España, Maggiore no murió como consecuencia del SIDA, sino del desgaste físico y mental que le produjo un tratamiento de medicina alternativa que realizó para mejorar el funcionamiento de sus pulmones. “La causa del fallecimiento de nuestra querida compañera Christine Maggiore fue la neumonía. Este es un claro ejemplo de cómo se perjudicó hasta la saciedad a esta incansable activista, desde todos los flancos, sin piedad y de forma inhumana, lo que le generó un estrés y una ansiedad sin precedentes y que la agotó más allá de lo que sus energías podían permitirle”, comenta Raúl Palma, vocero de este grupo.
Pero Maggiore no ha sido la única que ha puesto en cuestión las explicaciones tradicionales de esta enfermedad. A la lista de “disidentes” se han integrado científicos, intelectuales, médicos y hasta políticos. Uno de los más famosos es el Premio Nobel de Química 1993, Kary Mullis. En 1997 prologó el libro “Inventing the AIDS virus” del virólogo Peter Dusberg y más tarde, en el 2000, en su autobiografía “Dancing naked in the mind field” (Bailando desnudo en el campo de la mente), le dedicó un capítulo a debatir las hipótesis tradicionales con relación al SIDA. Es recordado por la frase “Sabemos que errar es humano, pero la hipótesis de que el VIH es la causa del SIDA es un error diabólico”.
Otro disidente famoso es el virólogo alemán Stefan Lanka, quien en 1997 -en una entrevista concedida al español Lluís Botina- aseguró “Para comprobar la existencia de un virus se demandan cuatro requisitos básicos. El primero es la toma de cuatro fotografías en diferentes estados del virus; el segundo es la caracterización exacta de cada proteína del virus; el tercer requisito es efectuar los experimentos de control y el último requisito es publicar artículos revistas científicas especializadas donde se informe de los avances investigativos con el virus. Pues bien, con el VIH no se han cumplido con ninguna de estas cuatro exigencias”.
En Hispanoamérica este debate ha repercutido con cierta fuerza. En países como México y Argentina ya existen grupos de disidentes de la teoría oficial del SIDA Uno de ellos es Monarcas-Movimiento de replanteamiento científico del SIDA, con sede en Buenos Aires y varias ciudades de México. Según comenta Roberto Giraldo, presidente de esta asociación, actualmente hay muchos intentos por acallar estas versiones alternativas sobre el Sida.
Algunas de las posturas de los disidentes sostienen que el Vih es una conspiración de las empresas farmacéuticas obsesionadas en producir medicamentos de altos costos que no ayudan en nada a los seropositivos. En particular suelen ser muy incisivos denunciando los efectos colaterales del medicamento AZT o azidotimidina, que se había convertido en la “esperanza” para muchos enfermos diagnosticados con VIH. De acuerdo con algunos disientes de grupos de investigación científica (como los estudiosos del Perth Group y el científico Peter Duesberg) afirman que las cualidades farmacológicas del AZT impiden qué este medicamento ayude a contrarrestar el virus e incluso que su tratamiento favorece la vulnerabilidad del sistema inmunológico.
Carlos Arango Calad, psicólogo con una maestría en Psicología Comunitaria y con un doctorado en Psicología Social y quien mantuvo correspondencia con Maggiore, si bien dice que no puede dar fe de que las tesis de la autora sean ciertas, sí cree que hay muchos inconsistencias en torno al Sida y al VIH. “Para mí es absolutamente claro que vivimos en una sociedad caníbal, una sociedad que conspira permanentemente. Su principal conspiración es el consumo, que ha desarrollado una industria farmacéutica empeñada en que la gente consuma fármacos que no necesita”, expresa.
Y según Raúl Palma, el objetivo de las organizaciones alternativas es “esclarecer la verdad sobre este síndrome y las mentiras y fraudes que le rodean, a depurar las responsabilidades que puedan haber respecto a las millones de muertes innecesarias que han habido por error en el diagnóstico y en el tratamiento, tanto políticas como científicas, civiles y penales, ofrecer ayuda también a los diagnosticados para no ser atropellados por la mentira y el fraude político-médico-científico, y ofrecer alternativas para la recuperación y mantenimiento de la salud por uno mismo”.
Por otra parte, Álvaro Hernán Plazas, activista del sector LGTB que trabaja con personas que viven con VIH en Colombia, sostiene que su cercanía a las historias de vida de muchos enfermos le permite tener una visión más fehaciente al problema. “El haber conocido a personas que han fallecido de su tránsito de una fase VIH a una fase SIDA y a otras que viven con el virus del sida me permiten dar certeza de que el Sida es una realidad –manifiesta Plazas, quien asegura además que ha tenido la oportunidad de observar el virus a través del lente de un microscopio. “Maggiore y los otros negacionistas plantean algunos supuestos interesantes, pero aun no han podido refutar de manera clara los planteamientos claros de la “línea hegemónica” de la ciencia ubicada en la existencia del VIH y el sida”, asegura Plazas. “Es una teoría irresponsable toda vez que la realidad habla por si sola: millones de personas han fallecido o son personas que viven con el virus. Son claros sus efectos individuales, familiares, sociales, culturales e institucionales. Cerrar los ojos ante tal realidad atenta contra el cuerpo social y el sistema nervioso colectivo”, agrega.
Para Arango Calad la explicación a la existencia del SIDA no se encuentra en un virus sino en toda una trama social y mercantil: “La sociedad misma lleva a que las personas tengan un actitud irresponsable frente a su cuerpo, su sexualidad y su vida. Para mí el problema de la autoagresión a la sexualidad es el principal factor. Yo no diría que es un virus sino una institución empeñada en hacer toda una guerra ideológica en la sociedad, lo que es más mortal que cualquier virus”, comenta.
Independientemente de estas controversias, lo cierto es que con la muerte de Maggiore reabrió una serie de discusiones alrededor del sida que enfrentan a los que creen que en la versión oficial y los que dudan incluso de que el VIH exista.
Christine Maggiore
Nació el 25 de julio de 1956 en Chicago (Illinois) y paso gran parte de su infancia en el sur de California. Graduada con honores de Reseda High School, luego estudió mercadeo y la publicidad en Los Ángeles. Siendo una empresaria exitosa, en 1992, mientras se realizaba un chequeo de rutina, Maggiore fue diagnosticada con VIH y, como suele ocurrir, se le pronosticaron pocos años de vida. Tras superar la dolorosa noticia, Maggiore comenzó a ayudar voluntariamente a algunas organizaciones que trabajan con enfermos de SIDA. No obstante, un años más tarde, conoció al científico Peter Duesberg y rápidamente empezó a dudar de las versiones oficiales sobre el SIDA. Inconforme con ese veredicto médico, Maggiore se dio a la labor de consultar múltiples documentos y textos sobre al Sida y después de leer, comparar y analizar, los hallazgos a los que llegó fueron desconcertantes para muchos investigadores y activistas del Sida. En 1995 fundó el grupo Alive & Well IDS Alternatives, el cual se encargaba de promover el no consumo de medicamentos antirretrovirales en mujeres embarazadas diagnosticadas seropositivas. Tiempo después publicó el libro ¿Qué tal si todo lo qué cres acerca del SIDA fuera falso? Para demostrar sus argumentos, tanto a su hijo Charlie como a su hija Eliza fueron amamantados por Maggiore. En1995, la pequeña Eliza falleció tras diagnosticársele neumonía relacionada al SIDA. Esta muerte generó una dura controversia en los Estados Unidos, pues Maggiore y Scovill contrataron a un patólogo particular que afirmó que la niña había fallaecido debido a una reacción alérgica al antibiótico llamado amoxicilina. Dos años más tarde, Maggiore y su esposo demandaron al condado de Los Ángeles, diciendo que los resultados de la autopsia no eran los suficientemente claros. Amigos cercanos a Maggiore dicen que la muerte de Eliza la sumió en una profunda depresión, causándole rápidamente malestares de salud.
Según una noticia publicada por el diario Los Ángeles Time, el 27 de diciembre de 2008 Maggiore falleció en su casa en los Ángeles a la edad de 52 años.
Según informó el mismo periódico, el diagnostico de su muerte fue pulmonía bilateral aguda, aunque los datos suministrados no son muy profusos.
Comunicado sobre el artículo
En la edición número dos de Knot se publicó el artículo “¿Y si el sida no existe?”, que ha generado varias reacciones por parte de nuestros lectores, tanto positivas y de felicitaciones como de desaprobación, y cada una de éstas nos parecen formas saludables de demostrarnos nuestro compromiso como revista dirigida al sector LGTB.
Como dejamos claro desde el inicio, con la publicación de la nota, la revista Knot no estaba, en ningún momento, tomar partido sobre las visiones alternativas sobre el SIDA. Lo que animó la escritura y posterior publicación del artículo fue poner en primer plano una polémica y unas posturas sobre el VIH-SIDA tan reales como las personas que mueren anualmente por dicha pandemia.
Para aquellos que sostienen que la publicación del artículo podría “influenciar” a algunos lectores a dejar de creer en el riesgo o los problemas relacionados al VIH/SIDA, habría que recordarles que la teoría funcionalista sobre la comunicación ha sido seriamente debatida desde los años 60 y 70 del siglo pasado, y que hoy se habla no de la “influencia” o de “los efectos” de los medios en los receptores, sino de “procesos” que se pueden agenciar, concibiendo a los lectores no como personas reactivas o pasivas, sino autónomas y con capacidad crítica frente a la información que reciben de los medios.
Esto no nos exime de nuestra responsabilidad como periodistas y de la ética como revista dirigida a la población LGTB, y prueba de ello es la inclusión al interior del artículo de voces disidentes de las teorías alternativas sobre el VIH, y también la publicidad siguiente al artículo. En Knot no pretendemos tomar el derecho a la libertad de expresión (amparado en la mayoría de países de nuestro continente) como defensa para publicar artículos imprudentes y ofensivos, pero queremos apostarle a una información pluralista y liberal, que cuestione, que se deslice por terrenos inexplorados y que cree que hay algo más allá de lo que siempre se dice.
Superando las críticas sobre la objetividad o la escritura del texto, éste pone una vez más en el centro del debate las discusiones sobre cuáles son los limites de la libertad de expresión cuando toca temas tan sensibles como el SIDA en una población que ha sido estigmatizada históricamente. Por tal motivo, solicitamos disculpas a los lectores que verdaderamente pudieron sentirse ofendidos o conmocionados con la publicación del artículo.
Muchas gracias,
Jorge Luis Aparicio - Editor General Revista Knot
LUIS NUÑEZ ACEVEDO.

Vacuna experimental ayuda a prevenir contagio por VIH
24 de septiembre de 2009, 01:30 PM
BANGKOK (AP) - Por primera vez, una vacuna experimental ha logrado evitar la infección con el virus del sida, un resultado que además de ser sorpresivo representa un parteaguas en la lucha contra la epidemia mortal. Fracasos recientes llevaron a muchos científicos a pensar que tal vacuna quizá nunca fuera posible.
La vacuna anuló el riesgo de infectarse con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en más de un 31% de los 16.000 voluntarios de Tailandia que participaron en la prueba más extensa realizada en el mundo a una vacuna contra el sida, anunciaron investigadores el jueves en Bangkok.
Aunque el beneficio es modesto, “es la primera evidencia de que podríamos tener una vacuna preventiva segura y efectiva”, dijo el coronel Jerome Kim en una entrevista telefónica. El ayudó a encabezar el estudio para el ejército de Estados Unidos, el cual lo patrocinó con el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas.
El director del instituto, el doctor Anthony Fauci, advirtió que éste “no es el final del camino”, pero afirmó que estaba sorprendido y muy complacido por el resultado.
“Me proporciona un prudente optimismo sobre la posibilidad de mejorar este resultado” y desarrollar un vacuna más efectiva contra el sida, dijo Fauci en entrevista telefónica. “Esto es algo que podemos hacer”, agregó.
Incluso una vacuna marginalmente útil podría tener un gran impacto. Todos los días, 7.500 personas se infectan con el VIH a nivel mundial; dos millones de personas murieron por sida en el 2007, calcula la agencia de la ONU encargada de la materia: ONUSIDA.
“Este día marca un hito histórico”, dijo Mitchell Warren, director ejecutivo de la Coalición por la Propugnación de una Vacuna para el SIDA, un grupo internacional que ha trabajado para el desarrollo de una vacuna.
“Tomará tiempo y recursos para analizar y comprender los datos en su totalidad, pero existe poca duda de que este descubrimiento revitalizará y reencauzará el campó de la vacuna de sida”, afirmó en un comunicado.
El Ministerio de Salud Pública de Tailandia dirigió el estudio, el cual utilizó cepas de VIH común en Tailandia. No se sabe si tal vacuna funcionaría contra otras cepas en Estados Unidos, Africa u otras regiones, subrayaron científicos.
LUIS NUÑEZ ACEVEDO

La inclusión de pruebas para su diagnóstico en el protocolo de atención de las personas con VIH optimizaría la eficacia del tratamiento.
Francesc Martínez - 28/09/2009
Sobre la base de los hallazgos proporcionados por diversos estudios, padecer depresión afecta negativamente a la capacidad de las personas con VIH de seguir el tratamiento antirretroviral de forma adecuada. Aun así, no se dispone de muchos datos que cuantifiquen la magnitud de este efecto.
Para intentar esclarecer este punto, un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts en Boston (EE UU) llevó a cabo un estudio en el que se analizaron los datos de 225 participantes de una cohorte de personas con VIH que seguían una terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) y de las que se contaba con datos derivados de, al menos, cuatro visitas semestrales consecutivas.
Según el protocolo del estudio, se consideró el desarrollo de depresión cuando las personas presentaban dos visitas con resultados negativos en el test de cribado de esta enfermedad mental, seguidas por dos visitas con resultados positivos. Los participantes seleccionados como grupo de comparación debían haber obtenido cuatro tests de cribado negativos en cuatro visitas consecutivas.
Aunque ninguno de los participantes tenía depresión al inicio, un 22% la desarrolló durante el transcurso del estudio. Las mujeres presentaron una incidencia de más del doble respecto a la de los hombres, como ya sucede en la población general. Las personas con menores ingresos tuvieron una incidencia superior que la de aquéllas con mayores salarios, hecho que también ha sido observado entre personas sin VIH.
El 45% de las personas que experimentaron depresión mostraron una mala adhesión, definida como no tomar más del 5% de las dosis de TARGA en el transcurso de los últimos siete días. Entre quienes no sufrieron depresión, sólo un 25% tenía mala adhesión, de modo que la diferencia entre ambos grupos fue claramente significativa (p <0,01).
Además, entre participantes con una buena adhesión al comienzo del estudio, se observó que, si experimentaban depresión, la probabilidad de una mala adhesión era dos veces mayor a la existente si no sufrían dicha patología.
El estudio también halló que los afroamericanos presentaban una probabilidad de experimentar mala adhesión superior a la de los no afroamericanos. Aunque no se analizaron las razones de este hecho, los investigadores sugirieron que podía tratarse de desconfianza hacia los servicios sanitarios y/o los medicamentos antirretrovirales.
Así pues, los resultados del presente estudio sugieren que la depresión puede tener un gran impacto sobre la adhesión a la terapia antirretroviral, de manera que es importante la incorporación de tests que puedan detectar el desarrollo de dicha enfermedad en los protocolos de seguimiento de las personas con VIH. La adhesión es esencial para el éxito del tratamiento antirretroviral, ya que permite la supresión viral y previene el desarrollo de resistencias, por lo que todas aquellas medidas que mejoren la adhesión están, en realidad, optimizando la eficacia de la TARGA.
Fuente: Aidsmeds.com.
Referencia: Kacanek D, Jacobson DL, Spiegelman D, Wanke C, Isaac R, Wilson IB. Incident Depression Symptoms Are Associated With Poorer HAART Adherence: A Longitudinal Analysis From the Nutrition for Healthy Living Study. JAIDS. Epub, September 17, 2009.
LUIS NUÑEZ ACEVEDO.